Gaiteros navarros reclaman en el Parlamento foral que el instrumento tradicional se incorpore al grado profesional y superior para garantizar profesorado titulado en el futuro
La gaita es uno de los sonidos más reconocibles de las fiestas en Navarra. Acompaña a los gigantes, marca el ritmo de las danzas y forma parte del arranque de los Sanfermines. Sin embargo, pese a su presencia constante en la vida cultural de Nafarroa, este instrumento tradicional no forma parte de la oferta oficial de los conservatorios profesionales ni de los estudios superiores de música. Ese escenario es el que ha llevado a Ricardo Oficialdegui, gaitero de Artajona, a comparecer junto a otros músicos ante el Parlamento de Navarra. El objetivo: que el Departamento de Educación modifique el decreto foral que regula las especialidades de los conservatorios e incluya la gaita tanto en el grado profesional como en el superior.
“La gaita se está enseñando, pero no está ordenada académicamente”, resume. Ricardo es maestro en un colegio, dirige la Escuela de Música y la Banda de Artajona y lleva vinculado al instrumento desde 1980. En Navarra, explica, la enseñanza musical se estructura en tres niveles: escuela de música, grado profesional y grado superior. La gaita solo está presente en el primero. Eso implica que quien quiera continuar sus estudios de forma reglada no puede hacerlo en su propio instrumento. Y también significa que muchos de quienes imparten clases no cuentan con una titulación oficial específica. “Hay gente que toca la gaita y da clase, pero no tiene título. Incluso músicos de otros instrumentos que asumen la gaita. Eso está bien, pero creemos que hay que ordenarlo”, señala.
La preocupación va más allá del presente. Para poder dar clase en conservatorios se exige el grado superior. Si no se forman nuevos titulados, cuando los actuales se jubilen no habrá relevo posible en la enseñanza reglada. “Si no sale alguien con grado superior, esto se acaba cuando nosotros nos jubilemos”, advierte.
Ante el Parlamento
En la comparecencia del 28 de enero en el Parlamento, los gaiteros se reunieron con los grupos parlamentarios. Según Ricardo, todas las formaciones mostraron su apoyo a la iniciativa. De hecho, EH Bildu ha anunciado que liderará una moción, respaldada por el resto, para instar al Gobierno foral a impulsar el cambio normativo necesario. La propuesta pasa por introducir la especialidad en el grado profesional y, de forma paralela, en el superior.
“Si no sale alguien con grado superior, esto se acaba cuando nosotros nos jubilemos”
No es una demanda nueva. Hace cinco años, el propio Oficialdegui trasladó al Departamento de Educación la propuesta de incorporar la gaita a la oferta pública. La respuesta fue negativa. Ante esa situación, desde el colegio Irabia-Izaga, donde trabaja el artajonés, impulsaron la creación de un conservatorio privado que ya ofrece esta especialidad. Sin embargo, el colectivo insiste en que la enseñanza pública debe asumir también esta formación.
Los datos de demanda, aseguran, avalan la petición. Según la información facilitada a los grupos parlamentarios, hay 209 alumnos aprendiendo gaita en escuelas subvencionadas y 16 profesores impartiéndola. Solo tres están titulados oficialmente. Si se suman academias tradicionales y formación no registrada, estiman que más de 300 personas están estudiando el instrumento en Navarra. Comparan esa cifra con la de otras especialidades minoritarias presentes en conservatorios, como la viola, el oboe o el fagot, que cuentan con menos alumnado y, aun así, disponen de itinerarios reglados.
Nuestro folclore
Más allá de los números, la reivindicación tiene un componente cultural evidente. La gaita es uno de los instrumentos más reconocibles del folclore navarro. Su sonido acompaña a gigantes y danzantes, marca dianas y bailables, y forma parte del paisaje sonoro de las fiestas. Resulta difícil imaginar la ronda de gigantes o el inicio de los Sanfermines sin gaiteros. En Navarra, la gaita tiene una larga trayectoria. Hasta aproximadamente 1920 existían gaiteros de gran nivel y se celebraban concursos multitudinarios, como el que tuvo lugar en Pamplona en 1924. Tras la Guerra Civil, el instrumento sufrió un declive notable y sobrevivió principalmente gracias a tres sagas familiares ubicadas en Estella.
El resurgir llegó en los años 70, cuando los hermanos Lakunza, originarios de Artajona, impulsaron la construcción de instrumentos, elaboraron boquillas y difundieron material de partituras. A partir de los años 80, la expansión fue notable. Comenzaron a surgir gaiteros en numerosas localidades y se multiplicaron las escuelas y grupos. Ricardo forma parte de esa generación. Empezó a tocar el tambor con ocho años y siempre estuvo vinculado a la gaita. Aunque ha probado otros instrumentos como el fagot, la tuba o la percusión, su trayectoria musical ha girado en torno a este instrumento tradicional.
La gaita navarra es un instrumento de doble lengüeta, construido en madera y asociado principalmente a la música popular. En otros territorios recibe nombres distintos —dulzaina en Castilla, gralla en Catalunya, dolsaina en Valencia—, pero comparte una base común. En Navarra, su repertorio está ligado a jotas, zortzikos, fandangos y danzas tradicionales. Pese a su fuerte arraigo social, el instrumento no ha evolucionado en el ámbito académico al mismo ritmo que otros. “Tocamos prácticamente las mismas músicas que siempre”, reconoce Oficialdegui. La reivindicación actual no busca transformar su esencia, sino garantizar su continuidad con respaldo formativo.
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